Cómo descansar mejor si eres una Persona Altamente Sensible (Directo)

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Cómo descansar mejor cuando eres una persona sensible: claves para dormir y desconectar

¿Llegas a la cama agotada, pero tu cabeza parece haber decidido que es el momento perfecto para repasar todas las conversaciones del día, hacer la lista de pendientes de mañana y analizar aquello que dijiste hace tres semanas?

Si eres una persona altamente sensible (PAS), quizá esta escena te resulte familiar.

Y es que estar cansada no siempre significa estar preparada para dormir.

A veces el cuerpo está agotado, pero el sistema nervioso continúa funcionando como si todavía tuviera que resolver algo. Has pasado todo el día atendiendo estímulos, responsabilidades, preocupaciones, personas, pantallas, ruido, decisiones… y cuando por fin tienes silencio, aparece todo lo que no has podido procesar durante el día.

Por eso, si quieres aprender a descansar mejor siendo una persona sensible, quizá tengas que empezar por cambiar una idea: el descanso no comienza cuando apagas la luz.

El descanso se construye durante todo el día.

Y precisamente de esto hablamos en mi último directo junto a Cris Centeno, especialista en descanso consciente y aromaterapia aplicada, creadora del método DYC (Descansa, Ynhala, Conecta).

Te recomiendo ver el vídeo completo, porque Cris comparte herramientas muy concretas relacionadas con el descanso, los aromas, los hábitos y la regulación del sistema nervioso que aquí solo puedo resumirte.

 

 

El descanso no empieza cuando te metes en la cama

Una de las ideas que más me gustó de nuestra conversación es esta:

No puedes pretender que tu cuerpo pase de 100 a 0 en cinco minutos.

Imagina que llevas todo el día corriendo.

Reuniones, trabajo, mensajes, responsabilidades, decisiones, ruido, prisas, preocupaciones…

Llegan las diez de la noche y dices:

«Bueno, ahora quiero dormir.»

Pero tu sistema nervioso no funciona como un interruptor.

Necesita una transición.

De hecho, Cris explica que uno de los pilares de su método DYC es precisamente aprender a introducir pequeñas pausas y momentos de conexión a lo largo del día para no llegar a la noche con toda la sobreestimulación acumulada.

Y esto es especialmente interesante cuando eres una persona sensible.

Porque quizá no solamente has hecho muchas cosas.

Quizá también has estado pendiente de cómo se encontraba todo el mundo, intentando hacerlo bien, anticipándote a problemas, absorbiendo estímulos o exigiéndote más de la cuenta.

Y todo eso también consume energía.

¿Estás cansada o estás sobreestimulada?

Esta distinción puede cambiar mucho tu manera de entender lo que te ocurre.

Puedes estar físicamente cansada y, al mismo tiempo, encontrarte en un estado de activación que dificulta que tu cuerpo entre en reposo.

Algunas señales de que estás acumulando demasiada tensión pueden ser:

  • Sensación de niebla mental.
  • Dificultad para concentrarte.
  • Mandíbula apretada o bruxismo.
  • Hombros y espalda tensos.
  • Sensación de estar «acelerada».
  • Irritabilidad o menor tolerancia.
  • Necesidad constante de mirar el móvil.
  • Dificultad para dejar de pensar en las tareas pendientes.

A veces tu cuerpo lleva horas diciéndote «necesito parar» y tú solamente escuchas cuando ya estás completamente exhausta.

Por eso, aprender a reconocer estas señales durante el día es una forma de autocuidado.

 

No necesitas dos horas de autocuidado

Aquí apareció otra idea que me parece especialmente importante:

El autocuidado tiene que ser sostenible.

Porque podemos convertir incluso el autocuidado en otra obligación.

«Tengo que meditar 30 minutos.»

«Tengo que hacer yoga.»

«Tengo que leer.»

«Tengo que hacer una rutina perfecta antes de dormir.»

Y si no conseguimos hacerlo, añadimos otra capa de culpa.

No.

Quizá puedas empezar por algo mucho más pequeño.

Cinco minutos.

Cinco minutos para respirar.

Cinco minutos para tomar un café sin mirar el teléfono.

Cinco minutos para salir a caminar.

Cinco minutos para cerrar los ojos y preguntarte:

¿Cómo estoy realmente? ¿Qué necesito ahora?

Lo importante no es hacer muchísimo.

Lo importante es enseñarle a tu cuerpo, repetidamente, que también existen momentos en los que no tiene que estar resolviendo nada.

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Un truco muy sencillo: agenda tu descanso

Cris propone algo tan práctico como poner el autocuidado en la agenda.

Y me parece una idea fantástica.

Si reservas una hora para una reunión de trabajo, ¿por qué no reservas también cinco o diez minutos para ti?

No esperes a que «te sobre tiempo».

Porque probablemente no te sobre.

El autocuidado que depende de que te sobre tiempo suele ser el autocuidado que nunca llega.

 

El «tengo que» también puede quitarte el sueño

Durante el directo hablamos también de algo que conecta mucho con el trabajo que realizo habitualmente con personas sensibles: la carga mental y nuestro diálogo interno.

Hay una frase aparentemente inocente que puede mantenerte atrapada durante todo el día:

«Tengo que…»

Tengo que contestar.

Tengo que terminar.

Tengo que ayudar.

Tengo que hacerlo perfecto.

Tengo que estar disponible.

Tengo que aprovechar el tiempo.

Tengo que…

Y quizá una pregunta interesante sea:

¿Realmente tienes que hacerlo o estás eligiendo hacerlo?

No se trata de abandonar tus responsabilidades.

Se trata de recuperar capacidad de elección.

Porque cuando todo se convierte en una obligación, tu sensación interna puede ser la de estar permanentemente bajo presión.

Y esa presión también puede acompañarte hasta la cama.

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Prueba a cambiar una frase

En lugar de:

«Tengo que terminar esto hoy.»

Prueba:

«He decidido que esto es prioritario y voy a dedicarle 30 minutos.»

En lugar de:

«Tengo que contestar este mensaje.»

Prueba:

«Ahora no voy a responder. Lo haré mañana.»

Puede parecer un pequeño cambio lingüístico.

Pero muchas veces la manera en la que hablamos con nosotras mismas cambia la relación que tenemos con lo que hacemos.

Tu noche empieza también con la luz

Otro de los temas que abordamos fue la importancia de preparar el entorno.

Al llegar la noche, tu cerebro necesita recibir señales coherentes con el descanso.

Y aquí la iluminación tiene un papel importante.

Puedes probar a:

  • Atenuar progresivamente las luces de casa.
  • Reducir el brillo de las pantallas.
  • Utilizar una iluminación más cálida durante las últimas horas del día.
  • Sustituir parte del tiempo de pantalla por una actividad tranquila, como leer.
  • Evitar llevar el móvil a la cama.

 

No necesitas convertir tu dormitorio en un templo zen.

Se trata simplemente de reducir estímulos y crear una transición.

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Y sí: el móvil puede estar saboteando tu descanso

Hay un hábito especialmente tentador cuando te despiertas durante la noche:

«Voy a mirar solo un momentito el móvil.»

Y ese «momentito» puede convertirse en una auténtica inyección de información para un cerebro que necesitaba volver a dormir.

Un mensaje.

Una noticia.

Instagram.

Un correo.

Un vídeo.

Y de repente tu cerebro vuelve a ponerse en modo actividad.

Por eso, una recomendación sencilla es mantener el teléfono alejado de la cama y evitar consultarlo durante los despertares nocturnos.

Tu «yo de las tres de la mañana» probablemente no necesita saber qué está pasando en Instagram.

 

También importa cuándo cenas y qué haces antes de dormir

Durante el directo hablamos de algo que a veces pasamos por alto: el cuerpo necesita tiempo para hacer la transición hacia el descanso.

Cenar con suficiente antelación puede facilitar que la digestión no coincida con el momento de acostarte.

Y tampoco es lo mismo terminar el día tranquilamente que realizar una actividad muy intensa justo antes de meterte en la cama.

El ejercicio es maravilloso y forma parte de un estilo de vida saludable, pero si realizas una actividad muy intensa muy tarde, puedes necesitar un tiempo de transición para que la activación disminuya.

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La idea no es obsesionarte con horarios perfectos.

Es preguntarte:

¿Qué señales le estoy dando a mi cuerpo durante la última hora del día?

 

Aromaterapia: mucho más que «que huela bien»

Y aquí entra una de las especialidades de Cris.

La aromaterapia aplicada utiliza los aceites esenciales como una herramienta dentro de determinadas rutinas y prácticas de bienestar.

En nuestra conversación hablamos especialmente de su capacidad para convertirse en un anclaje sensorial.

¿Recuerdas cómo determinados olores pueden transportarte inmediatamente a un lugar o a una persona?

El olor tiene una relación muy directa con nuestra memoria y con estructuras cerebrales relacionadas con las emociones.

Por eso, utilizar de forma repetida un aroma agradable dentro de una rutina concreta puede ayudarte a construir una asociación:

este olor = momento de bajar revoluciones.

 

 

No se trata de que el aceite esencial sea una especie de botón mágico que «apaga» el cerebro.

La clave está en la repetición y el contexto.

Por ejemplo, puedes utilizar siempre un determinado aroma durante tu rutina de relajación nocturna.

Con el tiempo, ese olor puede convertirse en una señal más dentro de ese ritual.

Mujer meditando sobre una alfombra, con velas encendidas, transmitiendo calma y equilibrio emocional, bienestar

¿Qué aromas mencionó Cris?

Durante el directo hablamos de diferentes aceites que pueden resultar interesantes en función del momento y de las preferencias personales.

Entre ellos aparecieron:

Lavanda y manzanilla, dentro de los aromas florales.

Mandarina, especialmente interesante para acompañar momentos de relajación.

Incienso y copaiba, entre las resinas mencionadas.

Y Cris destacó especialmente el naranjo amargo como uno de sus aliados para las noches.

Pero hay algo importante:

No todos los aromas funcionan igual para todas las personas.

Tu experiencia sensorial también importa.

Si un olor te resulta desagradable, probablemente no sea el mejor candidato para formar parte de tu ritual de descanso.

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Una curiosidad: el mismo cítrico puede jugar papeles diferentes

Durante el directo hablamos también de algo que me pareció muy interesante.

No todos los cítricos se utilizan con la misma finalidad.

Por ejemplo, Cris explicó que algunas combinaciones, como limón y menta, pueden resultar estimulantes y apropiadas para comenzar el día, mientras que la mandarina puede acompañar mejor una rutina de relajación nocturna.

Esto nos recuerda algo importante:

la aromaterapia aplicada no consiste simplemente en «poner un olor rico».

Hay que tener en cuenta el aceite, la forma de utilización, el momento y el objetivo.

Importante: natural no significa inocuo

Aquí quiero detenerme porque hablamos de herramientas naturales y es importante hacerlo con responsabilidad.

Los aceites esenciales son extractos vegetales muy concentrados. Por eso, no conviene utilizarlos directamente sobre la piel sin conocer previamente la forma adecuada de aplicación y dilución.

Además, algunos aceites cítricos pueden presentar fotosensibilidad cuando se aplican sobre la piel.

Así que si quieres incorporar la aromaterapia a tu rutina, hazlo con información y, si tienes dudas, consulta con una profesional formada en aromaterapia.

La idea es que una herramienta de autocuidado sea precisamente eso: una herramienta para cuidarte, no una fuente nueva de preocupaciones.

Un ejercicio de 60 segundos para bajar revoluciones

Hacia el final del directo hicimos una práctica muy sencilla que puedes utilizar prácticamente en cualquier momento.

No necesitas incienso, música relajante ni media hora libre.

Solo necesitas tu cuerpo.

1. Detente

Deja durante unos segundos aquello que estás haciendo.

2. Suelta los hombros

Observa si los estás manteniendo elevados o tensos.

Déjalos caer suavemente.

3. Afloja la mandíbula

Separa ligeramente los dientes.

Suelta la lengua.

4. Respira

Haz una inhalación profunda y permite que la exhalación sea algo más larga que la inhalación.

Repite varias veces.

Y mientras exhalas, imagina que estás diciéndole a tu cuerpo:

«Ahora mismo no tengo que resolver nada.»

No necesitas conseguir una relajación perfecta.

Simplemente estás introduciendo una pequeña pausa.

Y quizá eso sea precisamente lo que más necesitamos aprender.

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No esperes al fin de semana para descansar

Hay otra creencia que desmontamos durante el directo:

«Esta semana he dormido fatal, pero el sábado duermo hasta las doce y recupero.»

Dormir más después de varias noches de mal descanso puede hacerte sentir mejor, pero no convierte el descanso irregular en un sistema sostenible.

Tu cuerpo necesita oportunidades frecuentes de recuperación.

Por eso resulta mucho más interesante construir una relación cotidiana con el descanso que intentar «pagar la deuda» todos los domingos.

Piensa en ello como en cargar una batería.

No esperas a que el móvil llegue al 0 % todos los días para enchufarlo.

Con tu cuerpo tampoco tendría mucho sentido.

Dormir no es simplemente «desconectar»: durante la noche tu cuerpo trabaja

Cuando duermes, tu organismo no se queda parado: entra en modo reparación.

Durante el sueño profundo se favorecen procesos de mantenimiento y recuperación, y el sistema glinfático —una especie de sistema de limpieza del cerebro— facilita la eliminación de determinados productos de desecho acumulados durante la actividad cerebral.

Al mismo tiempo, el sueño participa en procesos esenciales de regulación hormonal, inmunitaria, metabólica y de reparación de tejidos.

Por eso no se trata únicamente de dormir muchas horas, sino también de darle a tu cuerpo una ventana nocturna suficientemente larga y regular para realizar estos procesos. Y aquí el horario importa: acostarte habitualmente muy tarde o recortar las primeras horas de sueño puede interferir con la arquitectura normal del descanso, especialmente con el sueño profundo que suele concentrarse más al principio de la noche.

Tu cuerpo no necesita que seas perfecta con el reloj, pero sí que le des, de forma bastante constante, tiempo y condiciones para hacer su trabajo mientras tú descansas.

¿Y si empiezas por una sola cosa?

Si después de leer todo esto estás pensando:

«Vale, pero es que yo no puedo hacer todo esto…»

Perfecto.

No lo hagas.

No necesitas incorporar diez hábitos nuevos mañana.

Escoge uno.

Solo uno.

Por ejemplo:

Apagar las pantallas 30 minutos antes.

Sacar el móvil del dormitorio.

Crear un pequeño ritual aromático.

Darte la crema facial con más cariño y presencia.

Hacer cinco minutos de pausa durante la jornada.

️Intentar cenar algo antes.

Observar cuántos «tengo que» aparecen durante tu día.

‍ Hacer tres respiraciones conscientes antes de pasar de una actividad a otra.

El objetivo no es construir la rutina nocturna perfecta.

Es crear pequeñas experiencias repetidas de seguridad, pausa y desconexión.

Y quizá el verdadero descanso tenga también que ver con aprender a parar

Me quedo con una reflexión que atraviesa toda nuestra conversación.

A veces no descansamos porque no sepamos descansar.

Descansamos poco porque hemos aprendido que parar es perder el tiempo.

Que estar ocupada significa ser responsable.

Que atender a los demás es más importante que atendernos.

Que podemos aguantar un poquito más.

Que ya descansaremos cuando terminemos.

Pero siempre aparece algo más que terminar.

Y mientras tanto, tu cuerpo sigue esperando.

Quizá descansar mejor no consista solamente en encontrar el aceite esencial perfecto, acostarte antes o comprar una lámpara de luz cálida.

Quizá también implique aprender a poner límites, reducir la autoexigencia, escuchar las señales de tu cuerpo y permitirte parar antes de estar completamente agotada.

Y esto, para mí, es especialmente importante cuando eres una persona altamente sensible.

Porque tu sensibilidad no necesita que la apagues.

Necesita que aprendas a regular la cantidad de estímulos, exigencias y demandas que introduces en tu vida.


¿Quieres profundizar en todo esto?

Si este artículo te ha resultado interesante, te recomiendo que veas el directo completo que hice con Cris Centeno.

En él encontrarás nuestra conversación completa, ejemplos, recomendaciones y el ejercicio práctico que hicimos juntas.

Y, sobre todo, podrás conocer de primera mano el trabajo de Cris y su Método DYC: Descansa, Ynhala, Conecta, con el que acompaña a mujeres con estrés laboral que quieren recuperar sus noches y aprender a descansar de una manera más consciente.

Si quieres conocer más sobre su trabajo y sus servicios, te animo a visitar sus canales y descubrir todo lo que ofrece.

Porque quizá no necesitas esperar a estar al límite para empezar a cuidar tus noches.

Puedes empezar hoy.

Aunque sean cinco minutos.

Tu cuerpo también merece recibir el mensaje de que no todo es correr, resolver y llegar.

A veces también toca parar.

Respirar.

Y volver a ti.


Nota: Este contenido tiene finalidad divulgativa y de autocuidado y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si tienes insomnio persistente, síntomas intensos o un problema de salud relacionado con el sueño, consulta con el profesional adecuado.

 

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