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La culpa: por qué te sientes culpable y cómo manejar la culpabilidad

15.05.2018.

 

 

¡Hola!

En esta ocasión te presento un artículo de mi amigo Óscar Martín, coach personal y creador de Buscando tu camino, un proyecto relacionado con el crecimiento y desarrollo personal.

Nos trae un post dedicado al tema de la culpa: qué es, por qué sentimos culpabilidad y qué hacer para dejar de sentirse culpable.

Te dejo con el artículo…

 


 

Llevaba un tiempo queriendo escribir sobre la culpa, pues sé lo desbastador que es sentirse culpable y experimentar la culpabilidad.

 

Es un asunto muy serio para todo aquel que quiera mejorar su vida, que se encuentre en el camino del desarrollo personal. Pero también para las personas que no transiten esta senda (conscientemente), pues de alguna manera todo el mundo experimenta estas situaciones; así que a nadie le es ajeno este tema.

 

En el artículo de hoy me gustaría desgranar este asunto, tratando de aportar claridad para que el lector pueda obtener algo de valor que le ayude a manejar la culpabilidad que pueda experimentar en su vida. Pues dejar de sentirse culpable está al alcance de cualquier persona.

 

Qué es la culpa

 

El origen de la culpa se encuentra, como norma general, en la incoherencia.

 

Cuando hay incoherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos, se generan conflictos internos que toman el camino de experimentar la culpabilidad, sentirse culpable.

 

Te sientes culpable porque no están alineadas esas tres partes (pensar, decir y hacer), por lo que la experimentación que se tiene de esta ‘batalla interior’ es la de la culpabilidad.

 

Un ejemplo podría ser que pienses que eres un buen padre/madre, lo digas a tus amigos y conocidos cuando hables del tema. Pero luego tus actos no van relacionados con ello: pasas tiempo de más trabajando, apenas hablas con tus hijos, no les dedicas tiempo a jugar con ellos…

 

En tus momentos de lucidez de esta situación llegan los ‘arrepentimientos’, pues te haces consciente de la incoherencia existente. Y de ahí es cuando se genera la culpabilidad.

 

 

Razones por las que te puedes sentir culpable

 

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Existen innumerables razones para las que una persona se puede sentir culpable. Por ejemplo, puedes experimentar culpabilidad cuando eres infiel a tu pareja. También si traicionas a amigo o socio de un trabajo.

 

El arrepentimiento y la culpa están íntimamente relacionados, tal y como se demuestra en el ejemplo que ofrecí anteriormente sobre la persona que se jactaba de ser un buen padre/madre, cuando en realidad no lo es.

 

Otra situación puede darse cuando haces algo que afecta a los demás, como podría ser cometer un error en el trabajo. Cuando la culpa es tuya y hay un ‘reconocimiento público’, el impacto emocional puede ser mayor, pues experimentar culpabilidad ante los otros nos hace sentirnos más vulnerables.

 

En momentos así muchas personas prefieren evitar la situación. Hay quien culpa a los demás de sus propios errores, tratando así de librarse de una experiencia no solo vergonzosa, sino que además podría acarrear otras consecuencias. Se eximen de responsabilidad, tratando así de quedar exentos de culpa.

 

Pero déjame decirte algo: sentirse culpable es muy humano. De hecho, aporta un grado de conciencia. La falta de culpabilidad en situaciones donde debería haberla, sólo demuestra que la persona no está siendo consciente de lo que hace; y si es consciente – lo que es peor- no se responsabiliza. No hacerlo sólo demuestra cobardía, egoísmo y falta de empatía hacia los demás.

También puedes sentirte culpable cuando te comprometes a hacer algo, como podría ser iniciar una nueva actividad (como el deporte) o dejar otra (no fumar o ponerte a dieta). Al ‘fallarte’ a ti mismo, se genera de nuevo ese conflicto interno que comentaba antes con el pensar, decir y  hacer. Y de ahí, en la incoherencia, se genera el conflicto interior y la culpabilidad. Te sientes culpable por no haber hecho aquello que te habías propuesto.

 

Síntomas de la culpa

 

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Cuando se experimenta la culpa se pueden generar muchas emociones derivadas de la situación. Algunas son:

  • Ansiedad.
  • Vergüenza.
  • Miedo.
  • Tristeza.
  • Frustración.
  • Desamparo.

 

En mi caso personal, puedo decirte que tuve una época donde tuve mucha ansiedad. Tanto, que llegué a experimentar ataques (una de las experiencias más horribles que he vivido en mi vida).

 

Como decía antes, la conciencia y responsabilidad ayudan en estas situaciones. En el caso de la ansiedad, se suele decir que se experimenta porque te preocupas de algo que puede suceder en el futuro. Pero esta no es la única razón. Una persona puede sentir fuerte ansiedad sin estar pensando en eventos del mañana.

 

La ansiedad yo la he vivido como un ‘terremoto interno’. Algo que te agita por dentro, desde tus cimientos, poniendo ‘patas arriba’ todo tu equilibrio y estabilidad. Tenía conflictos internos pendientes de ser resueltos, relacionados con la incoherencia por diversas situaciones.

 

Toda enfermedad y experiencia, en general, tienen mucho que ofrecer. Nada ocurre por casualidad. Y la ansiedad tampoco lo es. Aportando conciencia, descubres que esta situación se produce en momentos determinados, en contextos específicos. Cuando haces o dejas de hacer algo concreto. O cuando soportas alguna situación indeseada para ti, la cual ya rechazas.

 

Es entonces cuando entra en juego la responsabilidad de tus actos, lo que te aporta la elección de comportarte de forma diferente en una situación futura.

 

Se genera un conflicto interno, que al ser observado y analizado, se pueden aplicar diferentes acciones para que se resuelva. Pues ya ha sido alumbrado con la luz de la conciencia, y aparece la forma de resolver la situación, pues es responsabilidad de uno mismo hacerlo.

 

Y así, de esta manera, se va la ansiedad, y también la culpa. El origen y detonante ha sido sanado. Los efectos ya no aparecen. El problema ha sido resuelto. No hay culpabilidad. Adiós a sentirse culpable.

 

Insisto de nuevo en que tomar conciencia de la situación nos ayuda a ser responsables de ella. Esto te ofrece la claridad que necesitas para elegir de forma adecuada más adelante. Una que resuelva el conflicto que se ha generado por acciones del pasado.

 

La culpa: cómo manejarla

 

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En muchas ocasiones la culpa paraliza. Sientes culpabilidad por alguna razón, pero no sabes cómo resolver la situación. Lo que sí que sabes es que quieres sentirte sin culpa, pues la desazón y ansiedad internos de sentirse culpable no te permite experimentar calma y tranquilidad.

 

Pero observándolo de una forma objetiva, podemos ver que es como un poste indicador, una luz, que te enseña qué ha de ser trabajado para resolver un conflicto. Y cuando algo así se arregla, se experimenta un crecimiento interior.

 

Y de eso se trata, ¿no crees? De crecer como personas. De hacer que nuestra vida sea más rica, constructiva. Que nuestros pasos nos lleven a una versión mejorada de nuestra persona.

 

¿Existe terapia para la culpa? Desde luego que sí. Y con ello dejar de sentirse culpable, echar a un lado la culpabilidad.

 

Entonces, ¿cómo trabajar la culpa? Con dos palabras que ya he mencionado en varias ocasiones en este artículo: conciencia y responsabilidad.

 

Voy a describirte una situación personal para ejemplificar la forma en la cual se puede trabajar la culpa. Es aquella situación que mencioné anteriormente, donde tuve ataques de ansiedad.

 

Hace muchos años, cuando estaba de lleno en mi proceso de ‘despertar’ (mi crecimiento y desarrollo personal, cuestionar todo lo que sabía y creía respecto a mí, remodelarme interiormente, abrirme al camino espiritual…) me encontraba en una situación como la que viven las serpientes cuando mudan su vieja piel.

 

Mi antiguo ‘yo’ era cuestionado totalmente. Veía cosas que no me gustaban de lo que hacía en aquel entonces. Por otro lado, se estaba forjando un nuevo ‘yo’, más coherente  conforme a todo lo que estaba aprendiendo día a día, en ese fabuloso y transformador proceso de despertar.

 

Pero las cosas no son tan fáciles como quitarte una camisa y ponerte otra. Soltar esa vieja piel puede costar mucho, porque hay costumbres tan arraigadas en tu interior que, como se suele decir, no se van ni con agua caliente…

 

En aquel entonces me encontraba en una fuerte fase de incoherencia. En mi mente y mi palabra, se encontraba ese nuevo ‘yo’ en el que me quería convertir. Pero en mis actos… muchas veces la antigua y pesada personalidad, caduca y que cada vez rechazaba más, seguía manifestando su presencia.

 

Tenía ciertas adicciones, y ese era un tema que quería abandonar, pues no concordaban lo más mínimo con ese ‘yo’ ideal que me estaba formando. Cada vez que volvía a caer en alguno de los viejos vicios, tenía sentimientos de culpa. La culpabilidad entraba en juego, y esa batalla interior fruto del pensar, decir y hacer hacía que me sintiera culpable por los actos que realizaba.

 

Hasta que cierto día, mi cuerpo dijo: “basta ya… si no lo haces tú, lo haré yo”. Y fue cuando recibí el primer ataque de ansiedad. ¡Pensaba que me iba a morir! Aquella persona que lo haya experimentado alguna vez, sabe muy bien de lo que hablo.

 

Creía que había sido algo puntual, pero no: la siguiente vez que practiqué alguno de los viejos vicios, volvió la horrorosa experiencia.

 

-Muy bien, pues ya sé lo que no tengo que hacer-me dije, con resignación. Y a la vez con cierto alivio, pues aunque lo pasara mal con los ataques de ansiedad (a veces aparecían aun sin practicar ninguno de los viejos vicios), sabía que éstos habían llegado para señalarme por dónde debía caminar.

 

Así que mi cuerpo, una inteligencia superior o mi ‘yo’ más evolucionado y consciente, me ayudaron, mediante una ‘enfermedad’, a tomar conciencia y responsabilidad de lo que estaba haciendo en mi vida. Y con ello vino un gran proceso de aprendizaje y crecimiento personal.

 

La ansiedad llegó a mi vida para mostrarme las malas decisiones que estaba tomando.

 

Y éstas eran ‘malas’ porque yo, internamente, así lo había decidido. Tal vez otra persona, con otro nivel de conciencia y responsabilidad, no tuviera problemas con ello. Pero en mi caso creaba un alto nivel de incoherencia, y ello generó que la culpabilidad se instalase en mi vida. Y con ello, la culpa invitó a la enfermedad, debido que al sentirte culpable ‘vibras’ en una baja frecuencia, donde no hay abundancia, sino ausencia. En mi caso, fue ausencia de salud interior. Falta de equilibrio y estabilidad emocional.

 

Conclusiones

 

Cuando existe incoherencia entre lo que piensas, dices y haces, tienes grandes posibilidades de experimentar sentimientos de culpa. Ello te hará vivir en un estado de culpabilidad que te puede generar mucho malestar interno, lo cual a veces se traduce en ansiedad, depresión, desazón…

 

Pero cuando observas todo con conciencia, descubres qué causa esa situación. Y si te haces responsable de ello, puedes entonces tomar ‘cartas en el asunto’, pues has descubierto la razón de todo. Ya no está oculta, pues tu conciencia la ha alumbrado. Ya no puedes echarle la culpa a nadie. Es tu plena responsabilidad, por lo que también lo es el continuar en ello o elegir otro rumbo.

 

Si quieres contactarme o saber de mí, será un placer que recibirte en buscandotucamino.com

Un fuerte abrazo.

Óscar Martín.

Author:

Mi pasión es ayudarte a mejorar tu relación contigo mismo y con los demás, aumentando tu confianza y tu autoestima, para que puedas vivir de forma tranquila y logres la paz interior que tanto deseas.