El peligro de quedarte bloqueado

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Sandra no paraba de quejarse de que tenía mucho frío, mientras contemplaba la calle asomada a la ventana.

Su amiga Ana le ofreció su jersey.

– “Uuuf no, no, que la lana me pica…” – dijo Sandra – “Si acaso podría ponerme una chaqueta… Pero es que tendría que ir a casa, subir a la habitación, buscar en el armario, encontrar una que me conjuntase y fuese lo suficientemente abrigada (pero no demasiado que si no me hace sudar) y luego tendría que lavarla, tenderla, plancharla…. mucho lío…

Siguió mirando por la ventana otro largo rato.

“¡Madre mía, es que estoy helada, eh! Qué incómodo estar así, no puedo ni pensar” – volvió a quejarse Sandra.

“Bueno, pues apaga el ventilador entonces. ¡O al menos cierra la ventana!” – Le dijo Ana

“Sí, si no es mala idea… pero es que ¡ufffff qué frío! Estoy congelada, no puedo parar de tiritar. Además es que soy tonta, porque sabía que hoy bajarían las temperaturas y aún así no he cogido la sudadera.”

 

Mientras se lamentaba, Sandra pensó para sus adentros que al menos podría moverse un poco para apartarse de la corriente de aire. Pero enseguida pensó que no podía, que tenía demasiado frío, estaba paralizada.

Así que siguió ahí plantada.

Se quedó frente a la ventana abierta. Desabrigada y quejumbrosa.

Hasta que se pilló una pulmonía.

 

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¿Cuántas “bronquitis” te has creado a lo largo de tu vida por sobreanalizar tus problemas sin pasar a la acción?

¿Cuántas veces has desechado la ayuda de seres queridos que te tienden una mano?

 

Yo unas cuantas.

Quizás por miedo a equivocarme.

Quizás por miedo a las consecuencias de mi decisión.

Por miedo a lo desconocido.

Porque suponía mucho esfuerzo.

Porque temía defraudar a mis seres queridos.

Porque mis decisiones podían afectar negativamente a alguien.

Quizás porque no me sentía valiosa o merecedora del éxito.

Porque no me gustaban los consejos que me daban.

Porque quería demostrarme que sí era capaz yo sola.

Quizás porque en verdad no me sentía capaz.

Puede que por temor a sufrir.

Porque era más fácil quejarse que moverse.

Porque sentía que si lo pensaba todo mucho, no habría margen de error y lo controlaría todo.

“pasar frío” ya se había convertido en mi zona de confort.

O porque secretamente estaba esperando que pasara el tiempo, a ver si “Ana” -o cualquier persona- “cerraba la ventana” por mi…

Si estás cansado de pasar frío y quieres por fin apartarte de la corriente, aquí me tienes.

PD: El primer paso no te lleva directamente a donde quieres estar, pero te saca de donde estás. Que ya es mucho.

PD2: Piensa qué primer pasito podrías hacer para salir de tu estancamiento.

PD3: Y si te sientes tan bloqueado que no sabes ni qué hacer, piensa qué cosas puedes DEJAR DE HACER para sentirte mejor. Qué auto-sabotajes, pensamientos o acciones puedes eliminar ya mismo.