Cuando algo cambia dentro de ti: Escúchate y elige tu camino (Live)

Personas altamente sensibles: cómo escucharte y cambiar

¿Alguna vez has sentido que algo en tu vida ya no encaja como antes, pero no sabes exactamente qué ha cambiado ni qué necesitas hacer?

Quizá tu trabajo ya no te llena de la misma manera. Tal vez te estás replanteando tu relación, la maternidad, tus prioridades o la forma en la que te organizas. O puede que, sencillamente, estés cansada de intentar llegar a todo, cumplir con las expectativas de los demás y poder con más de lo que realmente puedes sostener.

Y, aun así, sigues adelante. Porque tienes responsabilidades, porque hay personas que cuentan contigo o porque llevas tanto tiempo haciéndolo todo de una determinada manera que ni siquiera te planteas que podría existir otra.

Si eres una persona altamente sensible (PAS), es posible que, además, necesites más tiempo para procesar lo que sientes, que notes con intensidad los cambios de tu entorno o que acabes mental y emocionalmente agotada después de pasar demasiado tiempo atendiendo a todo y a todos.

 

Pero ¿qué ocurre cuando estás tan pendiente de responder a lo que la vida te pide que dejas de escuchar lo que tú necesitas?

De esto hablamos en el directo que compartí con Ysabel Viloria, guía y acompañante de mujeres en procesos de transformación, con más de diez años de experiencia en bienestar femenino, yoga y autoconocimiento.

 

 

En nuestra conversación exploramos cómo reconocer los cambios internos, dejar de vivir en piloto automático, distinguir tus deseos de las expectativas ajenas y aprender a soltar el control sin sentir que estás fracasando.

Y, sobre todo, hablamos de algo que me parece fundamental: no necesitas tener todas las respuestas para empezar a escucharte.

 

1. Cuando la vida te obliga a parar: la historia de Ysabel Viloria

A veces, los grandes cambios empiezan mucho antes de que seamos conscientes de ellos. Vamos acumulando cansancio, ignorando pequeñas señales y adaptándonos a las circunstancias hasta que llega un momento en el que seguir como siempre deja de ser una opción.

Ysabel compartió en el directo una experiencia personal que le hizo replantearse muchas cosas.

Durante su segundo embarazo, cuando estaba a unas seis semanas de dar a luz, se encontró con la incertidumbre de una reestructuración laboral. En casa tenía también un hijo pequeño y, como tantas personas, intentaba responder a todas las responsabilidades que tenía entre manos.

La exigencia de poder con todo seguía ahí. Había que continuar, cumplir y encontrar la manera de sostenerlo todo.

Pero su cuerpo empezó a pasarle factura. El dolor físico, incluida la ciática, terminó obligándola a parar.

Aquella experiencia le permitió tomar conciencia de algo importante: cuando te acostumbras a ignorar tus propias necesidades, puedes acabar desconectándote de las señales que te indican que necesitas hacer un cambio.

Quizá no estés viviendo una situación idéntica, pero puede que te reconozcas en esa tendencia a seguir adelante incluso cuando estás agotado/a.

Te dices que ya descansarás después, que ahora no puedes parar o que otras personas necesitan que estés disponible.

Y así vas posponiéndote.

No siempre puedes cambiar las circunstancias que te rodean, pero sí puedes empezar a observar cómo estás viviendo dentro de ellas. Porque atender tus necesidades no es un capricho ni significa desentenderte de tus responsabilidades.

Significa recordar que tú también formas parte de la ecuación.

 

 

2. La trampa de hacer constantemente: ¿te cuesta parar sin sentirte culpable?

Vivimos en una sociedad que premia la productividad, la rapidez y la capacidad de resolver problemas. Y, aunque esta presión puede afectar a cualquiera, muchas mujeres han aprendido desde pequeñas que deben cuidar, organizar, anticiparse y estar disponibles para los demás.

El resultado es que puedes llegar a medir tu valor por todo lo que haces.

Si tienes un rato libre, buscas algo con lo que ocuparlo. Si te sientas a descansar, tu cabeza empieza a repasar la lista de tareas pendientes. Y, cuando por fin tienes un momento para ti, quizá ni siquiera consigas disfrutarlo porque estás pensando en lo que deberías estar haciendo.

¿Te suena?

En el directo hablamos de esa hiperactividad mental que te mantiene en movimiento incluso cuando tu cuerpo necesita bajar el ritmo.

El problema no es que seas una persona activa, responsable o resolutiva. El problema aparece cuando hacer se convierte en una obligación constante y descansar te genera culpa.

Para las personas altamente sensibles, que pueden sentirse especialmente sobreestimuladas en determinados entornos, esta dinámica puede resultar todavía más agotadora. Si pasas el día atendiendo a estímulos, conversaciones, necesidades ajenas y pensamientos, es fácil que llegues al final de la jornada sin apenas espacio para procesar cómo te encuentras.

Por eso, una de las propuestas que compartimos fue incorporar pequeñas pausas conscientes a tu día.

No necesitas empezar con una meditación de media hora ni cambiar toda tu rutina de golpe. Puedes probar algo tan sencillo como detenerte durante un minuto, soltar los hombros y prestar atención a tu respiración.

Pregúntate:

¿Cómo estoy ahora mismo, de verdad?
¿Qué noto en mi cuerpo?
¿Qué necesito en este momento?
¿Estoy haciendo esto porque lo elijo… o porque siento que no tengo otra opción?

 

No hace falta que encuentres una respuesta inmediata. La idea es empezar a abrir un pequeño espacio entre lo que haces y la posibilidad de elegir cómo quieres responder.

A veces, ese espacio ya es un gran comienzo.

3. Los cambios vitales también cambian tu identidad

Uno de los temas más interesantes de nuestra conversación fue cómo los grandes cambios de vida pueden remover nuestra identidad.

Ysabel habló de su proceso migratorio de Venezuela a España y de cómo aquel cambio supuso una ruptura con parte de su vida anterior, sus referencias y sus roles profesionales.

Cuando cambias de país, de trabajo, de relación o de etapa vital, no solo cambian tus circunstancias. También puede cambiar la forma en la que te ves a ti misma.

Quizá antes te identificabas mucho con tu profesión. Puede que durante años hayas sido la persona que resolvía los problemas familiares, la que cuidaba de todos o la que siempre sabía qué hacer.

Pero ¿qué ocurre cuando ese papel deja de encajar contigo?

¿Y si ya no quieres lo mismo que antes?

A veces nos aferramos a determinadas etiquetas porque nos dan seguridad. Ser madre, profesional, pareja, cuidadora, hija responsable o persona independiente puede formar parte de tu identidad, pero ninguna de esas etiquetas explica por completo quién eres.

Además, los roles que desempeñas no tienen por qué desaparecer para que puedas evolucionar. Puedes seguir queriendo a tu familia y, al mismo tiempo, necesitar más espacio propio. Puedes disfrutar de tu trabajo y reconocer que quieres relacionarte con él de otra manera. Puedes amar a tus hijos y admitir que la maternidad también te resulta exigente.

Cambiar no significa necesariamente rechazar tu vida anterior. Puede significar que necesitas encontrar una forma diferente de vivirla.

En el caso de las personas altamente sensibles, esta reflexión puede ser especialmente útil cuando existe una tendencia a adaptarse mucho al entorno, anticipar las necesidades de los demás o evitar decepcionar a quienes quieren.

Si llevas años intentando ser quien esperan que seas, quizá necesites un tiempo para descubrir qué parte de tus decisiones nace de tus propios deseos y qué parte responde a expectativas que has asumido sin cuestionarlas.

Y no tienes que resolverlo todo de golpe.

Puedes empezar por permitirte hacerte preguntas que antes ni siquiera te planteabas.

 

4. ¿Cómo saber si algo está cambiando dentro de ti?

No todos los cambios vitales llegan acompañados de una crisis. A veces no sucede nada extraordinario. Simplemente, empiezas a notar pequeñas señales.

Puede que una rutina que antes te resultaba cómoda ahora te pese. Que algunas conversaciones te dejen agotada. Que te cueste más mantener un ritmo que antes tolerabas o que empieces a cuestionarte decisiones que dabas por sentadas.

Quizá sientas que necesitas más tranquilidad, más autonomía o más tiempo para ti. O tal vez descubras que algunos objetivos que perseguías con ilusión ya no tienen el mismo sentido.

Estas señales merecen atención, pero conviene interpretarlas con calma.

Sentirte incómoda en el trabajo no significa automáticamente que tengas que dejarlo. Sentir distancia en una relación no implica necesariamente que debas terminarla. Y necesitar estar sola durante un tiempo no significa que haya algo malo en ti ni que tengas que aislarte.

Una señal interna es una invitación a explorar lo que te ocurre, no una orden que debas obedecer inmediatamente.

Puede que necesites descansar. Puede que estés acumulando estrés. Puede que tus prioridades hayan cambiado o que haya una necesidad que llevas tiempo sin atender.

Para empezar a distinguirlo, puedes hacerte estas preguntas:

¿Desde cuándo me siento así?

¿En qué situaciones aparece esta sensación?

¿Qué parte de mi vida me está resultando más difícil de sostener?

¿Qué estoy necesitando y no estoy atendiendo?

¿Qué me gustaría cambiar, aunque fuera un poco?

¿Qué temo que ocurra si reconozco lo que realmente quiero?

 

No se trata de analizar cada emoción hasta encontrar una explicación perfecta. De hecho, si tiendes a darle muchas vueltas a las cosas, convertir el autoconocimiento en otra tarea que debes hacer bien puede acabar generándote más presión.

A veces basta con observar, tomar nota y darte tiempo.

Lo importante es que no tengas que esperar a que el agotamiento, una crisis o un acontecimiento inesperado te obliguen a prestar atención a tu bienestar.

 

 

5. Cómo distinguir tus deseos de las expectativas de los demás

Esta es una de las grandes preguntas que abordamos en el directo: ¿cómo puedes saber qué quieres tú cuando llevas mucho tiempo escuchando lo que deberías querer?

Desde pequeñas recibimos mensajes sobre cómo tendría que ser nuestra vida. Qué significa tener éxito, cuándo conviene formar una familia, cómo debe comportarse una buena madre, qué tipo de trabajo merece la pena o qué decisiones se consideran sensatas.

Algunas de esas expectativas pueden coincidir con nuestros valores y deseos. Otras, sin embargo, se quedan tan arraigadas que terminamos siguiéndolas sin preguntarnos si todavía tienen sentido para nosotras.

Y cuando te sales del guion, pueden aparecer la culpa, el miedo al juicio o la sensación de estar decepcionando a alguien.

Si eres una persona sensible y muy atenta a lo que ocurre a tu alrededor, quizá te resulte especialmente difícil separar tus propias necesidades de las emociones y expectativas ajenas.

Por eso, puede ayudarte distinguir entre estas dos preguntas:

¿Qué se espera de mí?

Y:

¿Qué quiero yo, teniendo en cuenta mis necesidades, mis valores y las consecuencias reales de mi decisión?

No siempre obtendrás una respuesta clara. Puede que desees algo y, al mismo tiempo, tengas miedo de las consecuencias. Puedes querer un cambio y sentir tristeza por lo que dejas atrás. Puedes necesitar poner límites y seguir queriendo a la persona a la que se los pones.

Las emociones contradictorias no significan necesariamente que estés tomando una mala decisión. A menudo, simplemente reflejan que estás ante algo importante.

En nuestra conversación también hablamos de escuchar las sensaciones corporales. Tu cuerpo puede darte información valiosa sobre el cansancio, la tensión, la tranquilidad o el malestar que experimentas en determinadas situaciones.

Eso sí, conviene recordar que una sensación física no te dice automáticamente qué decisión debes tomar. Puedes utilizarla como una pista, junto con tus pensamientos, tus circunstancias, tus valores y el tiempo que necesites para reflexionar.

No tienes que elegir entre hacer caso a tu cuerpo o utilizar la cabeza. Puedes aprender a escuchar ambos.

6. Personas altamente sensibles: cómo gestionar la sobreestimulación y la carga mental

La alta sensibilidad no es simplemente ser más emocional. Se relaciona con una mayor profundidad de procesamiento de la información y, en algunas personas, con una mayor sensibilidad ante determinados estímulos.

Esto puede hacer que una jornada llena de ruido, conversaciones, interrupciones, luces, tareas y demandas sociales resulte especialmente agotadora.

Imagina que vas a un concierto, a una celebración multitudinaria o a un encuentro en el que hay muchas conversaciones simultáneas. Puede que disfrutes muchísimo de la experiencia y, aun así, después necesites tranquilidad para recuperarte.

Ambas cosas pueden ser ciertas.

Necesitar tiempo a solas después de una situación intensa no significa que seas antisocial, que no sepas disfrutar o que tengas que renunciar a los planes que te gustan. Puede ser una manera de recuperar energía y procesar lo vivido.

La clave está en conocer tus propios límites y dejar de compararte con personas que quizá necesitan otras condiciones para sentirse bien.

En el directo también abordamos la carga mental y logística que tantas mujeres sostienen en su día a día: organizar horarios, recordar tareas, anticipar necesidades, coordinar la vida familiar y responder a las exigencias profesionales.

Esa carga no siempre se ve desde fuera, pero puede ocupar muchísimo espacio mental.

Por eso, el autocuidado no consiste únicamente en añadir actividades agradables a una agenda que ya está saturada. A veces implica revisar cómo se reparten las responsabilidades, pedir ayuda, delegar tareas o dejar de asumir que tienes que encargarte de todo.

Si quieres empezar a cuidarte mejor, puedes probar estas ideas:

  • Identifica tus fuentes de sobreestimulación. Observa qué situaciones te dejan especialmente cansada y cuáles te ayudan a recuperarte.
  • Introduce pausas realistas. Unos minutos de tranquilidad pueden ayudarte a tomar conciencia de cómo te encuentras.
  • Reserva tiempo de recuperación. Si sabes que una actividad te exige mucho, intenta no llenar todo el tiempo anterior y posterior con más obligaciones.
  • Revisa la carga mental. Pregúntate qué tareas estás asumiendo por costumbre y cuáles puedes compartir.
  • Practica límites amables. Puedes querer a los demás sin estar disponible en todo momento.
  • Deja espacio para no hacer nada. Tu tiempo no tiene que estar siempre justificado por algo productivo.

No necesitas aplicar todas estas propuestas a la vez. Elige la que más sentido tenga para ti en este momento.

 

7. Respiración consciente y yoga: pequeñas herramientas para salir del piloto automático

Cuando tienes la cabeza llena de pendientes, preocupaciones y conversaciones imaginarias, decirte que dejes de pensar no suele funcionar demasiado bien.

Cuanto más intentas controlar cada pensamiento, más puedes acabar atrapada en él.

Por eso, en el directo hablamos de prácticas sencillas que pueden ayudarte a dirigir la atención hacia el momento presente, sin exigirte que tu mente se quede completamente en blanco.

Ysabel compartió su experiencia con el yoga, la meditación, la respiración consciente y otras prácticas de bienestar que le han servido como recursos para relacionarse de otra manera con el estrés y con las necesidades de su cuerpo.

Una de las ideas que me gustó especialmente es que no siempre necesitas encontrar un rato perfecto para practicar: puedes introducir pequeños momentos de atención plena en actividades cotidianas.

Por ejemplo, mientras friegas los platos, caminas o recoges la casa.

En lugar de hacer la tarea pensando simultáneamente en las diez cosas que te quedan por resolver, prueba a prestar atención durante unos instantes a las sensaciones de tus manos, la temperatura del agua, el contacto de los pies con el suelo o el movimiento de la respiración.

No tienes que hacerlo de manera perfecta ni evitar que aparezcan pensamientos. Cuando te des cuenta de que te has distraído, vuelve amablemente a la sensación que habías elegido observar.

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En nuestra charla también practicamos la técnica de respiración y meditación conocida como So-Ham, coordinando mentalmente el mantra con la inhalación y la exhalación.

La idea no es luchar contra tus pensamientos, sino ofrecerle a tu atención un punto de referencia al que regresar.

Si te cuesta meditar, puedes comenzar con unos pocos ciclos respiratorios y comprobar cómo te sientes. Si concentrarte en la respiración te resulta incómodo, puedes dirigir la atención a los pies apoyados en el suelo o a otros estímulos externos que te resulten agradables.

Estas prácticas no resuelven por sí solas los problemas que te preocupan, pero pueden ayudarte a crear una pequeña pausa desde la que observarlos con algo más de perspectiva.

 

8. La autoaceptación empieza cuando dejas de tratarte como si siempre llegaras tarde

Otro tema que apareció varias veces en nuestra conversación fue la autoexigencia.

Muchas personas viven con la sensación de que deberían estar haciendo más, avanzando más rápido, gestionando mejor sus emociones o teniendo ya resueltas cuestiones que siguen siendo difíciles.

Y, cuando no llegan a todo, se critican.

Si estás atravesando un cambio vital, esa exigencia puede añadir una presión innecesaria. No solo tienes que adaptarte a una nueva situación: además, sientes que deberías hacerlo rápido, con claridad y sin mostrar demasiadas dudas.

Como si tuvieras que entregar un examen perfecto sobre cómo vivir tu propia vida.

Pero los procesos profundos no funcionan siempre así.

En el directo hablamos de la diferencia entre la inmediatez a la que nos acostumbran las redes sociales y el tiempo que pueden necesitar los cambios personales. La transformación no siempre se ve desde fuera. A veces ocurre de manera discreta, a través de pequeñas decisiones, nuevas preguntas y formas distintas de responder a situaciones que antes vivías en piloto automático.

Por eso, quizá necesites dejar de exigirte tenerlo todo claro para permitirte estar donde estás.

Puedes reconocer que algo no te gusta sin saber todavía cómo cambiarlo. Puedes estar agradecida por una parte de tu vida y querer modificar otra. Puedes sentir miedo y seguir explorando tus opciones.

La autoaceptación no significa conformarte con todo. Significa dejar de castigarte por estar en un punto que todavía estás intentando comprender.

En lugar de preguntarte qué te pasa para no tenerlo resuelto, prueba a plantearte qué necesitarías para atravesar esta etapa con un poco más de amabilidad.

Tal vez necesites información. Quizá hablar con alguien de confianza, descansar, revisar tus prioridades o buscar acompañamiento profesional.

No tienes que convertir cada dificultad en una prueba de que deberías esforzarte más.

9. Soltar el control no significa rendirte

Cuando has aprendido a resolver problemas, anticiparte a las necesidades de los demás y mantener muchas cosas bajo control, delegar puede resultar bastante difícil.

Quizá pienses que, si no te encargas tú, algo saldrá mal. Que tendrás que revisar el trabajo de los demás o que pedir ayuda será una molestia.

Y, mientras tanto, sigues acumulando responsabilidades.

En el directo reflexionamos sobre una idea que merece la pena recordar: soltar el control no significa abandonar tus responsabilidades ni renunciar a aquello que te importa. Significa reconocer qué puedes sostener tú y qué no necesitas sostener en solitario.

A veces, soltar implica aceptar que no puedes prever todas las consecuencias de una decisión. Otras veces, significa permitir que otra persona se encargue de una tarea, aunque no la haga exactamente como tú la harías.

Delegar también puede ser una forma de confiar.

Si te encargas de todo, no solo te agotas tú: además, puedes impedir que otras personas desarrollen sus propios recursos y asuman su parte de responsabilidad.

Esto puede ocurrir en casa, en el trabajo y en las relaciones personales.

No tienes que pasar de hacerlo todo a dejarlo todo en manos de los demás. Puedes empezar por algo pequeño: compartir una tarea, pedir ayuda con una gestión concreta o dejar de revisar una responsabilidad que ya has delegado.

Y si al principio sientes incomodidad, no significa necesariamente que hayas tomado una mala decisión. Quizá estés aprendiendo una manera diferente de relacionarte con tus responsabilidades.

También hablamos de la práctica de savasana, la postura de descanso que suele realizarse al final de una sesión de yoga. Para algunas personas, permanecer tumbadas sin hacer nada puede resultar sorprendentemente difícil: la mente empieza a repasar tareas, aparecen pensamientos y surge la necesidad de levantarse.

Sin embargo, descansar no tiene que convertirse en otra actividad que debas hacer bien.

Puedes permitirte unos minutos de quietud sin exigir que tu mente se calle ni que la experiencia sea extraordinaria.

A veces, el primer paso consiste simplemente en dejar que el cuerpo descanse y aceptar que no todo depende de ti.

Respiración consciente para calmar la ansiedad y regular el sistema nervioso mujer-silueta-meditacion-calma

10. Cuando atraviesas un duelo o una crisis, puede costarte ver todas tus opciones

Las transiciones vitales no siempre son elegidas.

A veces decides cambiar de trabajo, mudarte o revisar tus prioridades. Otras veces, el cambio llega a través de una separación, una pérdida, una dificultad laboral o una situación que no habías previsto.

Cuando atraviesas un momento doloroso, es comprensible que tu atención se concentre en aquello que has perdido o en el problema que necesitas resolver.

En ocasiones, esa preocupación puede hacer que te cueste imaginar alternativas. Todo parece reducirse a una única pregunta, una única salida o una única forma de entender lo que está ocurriendo.

En nuestra conversación hablamos de la importancia de detenerse para recuperar perspectiva.

No se trata de negar el dolor, buscar el lado positivo de todo ni obligarte a estar bien antes de tiempo. Se trata de reconocer que, cuando estás en plena dificultad, quizá no puedas ver todas las posibilidades que tendrás delante más adelante.

Puedes darte tiempo para sentir lo que estás sintiendo y, cuando te resulte posible, abrir poco a poco el foco.

 

¿Qué otras opciones existen, aunque ahora no tengas fuerzas para explorarlas?
¿Qué personas podrían acompañarte?
¿Qué necesitas resolver primero y qué puede esperar?
¿Hay alguna decisión que no tengas que tomar hoy?

 

No siempre encontrarás respuestas enseguida. Y, si estás atravesando un duelo intenso o un sufrimiento que interfiere de manera importante en tu vida cotidiana, buscar apoyo profesional puede ayudarte a transitarlo con acompañamiento.

No tienes que hacerlo todo solo/a.

 

11. Reconectar contigo no significa cambiar de vida de un día para otro

Quizá al leer todo esto te estés preguntando qué deberías cambiar en tu vida.

Y aquí quiero hacer una pequeña pausa.

Porque el autoconocimiento no tiene por qué terminar siempre en una gran decisión, una renuncia o un giro radical.

A veces, descubrir que algo ya no encaja significa que necesitas reorganizar tus horarios. Otras veces, implica aprender a pedir ayuda, recuperar una actividad que habías abandonado o revisar una expectativa que te estaba haciendo daño.

También puede llevarte a reconocer que quieres un cambio más profundo. Pero no tienes que anticipar todo el proceso antes de empezar.

La vida está llena de pequeñas transiciones. Cambian tus circunstancias, tus prioridades, tus relaciones y tu manera de comprenderte. Y tú también vas cambiando continuamente, aunque no siempre puedas identificar el momento exacto en el que algo se ha movido por dentro.

Por eso, puede ser útil reservar un pequeño espacio para revisar cómo estás.

No necesitas elaborar un plan de vida cada semana. Puedes preguntarte, de vez en cuando:

¿Qué está funcionando bien en mi vida?
¿Qué me está costando más de lo habitual?
¿Qué necesito cuidar un poco mejor?
¿Qué estoy haciendo por elección y qué hago por pura inercia?
¿Hay algo que me gustaría permitirme explorar?

Y recuerda: no necesitas tener claro hacia dónde vas para dar un primer paso hacia ti.

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12. Un pequeño ejercicio para empezar a escucharte hoy

Te propongo una práctica sencilla inspirada en los temas que compartimos durante el directo.

Busca un momento tranquilo. No hace falta que tengas una hora libre ni que prepares nada especial.

Paso 1. Haz una pausa.

Detente durante un minuto. Si te resulta cómodo, cierra los ojos; si no, deja la mirada descansando en un punto.

Paso 2. Observa cómo estás.

Presta atención a tu respiración, a los apoyos de tu cuerpo y a las sensaciones que notes. No intentes cambiarlas ni encontrarles una explicación inmediata.

Paso 3. Pregúntate qué necesitas.

Puedes plantearte: «¿Qué necesito ahora mismo y llevo un tiempo sin atender?».

Deja que aparezcan pensamientos o sensaciones sin obligarte a obtener una respuesta definitiva.

Paso 4. Separa la necesidad de la solución.

Quizá descubras que necesitas descansar, sentirte acompañado/a, tener más autonomía o reducir el ruido que te rodea. No tienes que saber todavía cuál es la mejor manera de atender esa necesidad.

Paso 5. Elige un pequeño gesto.

Piensa en una acción realista que puedas realizar hoy o durante los próximos días. Puede ser pedir ayuda, reservar un rato para ti, hablar con alguien o dejar de añadir tareas a una agenda que ya está llena.

Si no encuentras una respuesta, tampoco pasa nada. Puedes repetir la práctica otro día.

El objetivo no es que consigas resolver tu vida en cinco minutos, sino empezar a escucharte sin tratarte como si estuvieras haciendo algo mal por no tenerlo todo claro.

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13. ¿Quién es Ysabel Viloria y cómo puede acompañarte?

Ysabel Viloria es guía y acompañante de mujeres en procesos de transformación, con más de diez años de experiencia en el ámbito del bienestar femenino, el yoga y el autoconocimiento.

Su recorrido personal, incluido el proceso de migración de Venezuela a España y los cambios que vivió durante la maternidad, forma parte de la mirada desde la que acompaña a otras mujeres.

Durante nuestro directo compartió recursos vinculados al yoga, la meditación, la respiración consciente y las prácticas de atención plena, así como reflexiones sobre la identidad, las expectativas sociales, la autoexigencia y la necesidad de crear espacios de pausa en la vida cotidiana.

También nos habló de sus propuestas de acompañamiento, entre ellas:

  • Meditaciones breves en su canal de YouTube, orientadas a la autogestión y a incorporar pequeñas prácticas de bienestar en el día a día.
  • Una membresía dirigida a mujeres, con un espacio de acompañamiento y trabajo personal.
  • Propuestas para empresas y profesionales, vinculadas a su ámbito de trabajo y experiencia.

Si te apetece conocer mejor su enfoque, te recomiendo que veas el directo completo y que consultes los recursos y servicios que presenta al final de la conversación.

Así podrás descubrir de primera mano si su manera de trabajar encaja con lo que estás buscando.

Para terminar: ¿y si ya no quieres lo mismo que antes?

Puede que estés atravesando una etapa de cambio. Puede que todavía no sepas qué quieres modificar o que tengas bastante claro lo que necesitas, pero te cueste darte permiso para reconocerlo.

En cualquiera de los casos, no necesitas juzgarte por estar ahí.

Si eres una persona altamente sensible, quizá te ayude recordar que escuchar tus necesidades, respetar tus tiempos de recuperación y revisar las expectativas que has asumido también forman parte del autocuidado.

No tienes que vivir permanentemente en modo respuesta, pendiente de todo lo que ocurre a tu alrededor.

Puedes aprender a hacer pausas. Puedes pedir ayuda. Puedes dejar de encargarte de algunas cosas. Puedes revisar tus prioridades y permitirte cambiar de opinión.

Y puedes hacerlo sin tener que demostrar que eres capaz de soportarlo todo.

Soltar el control no significa perder el rumbo. A veces significa hacer espacio para descubrir qué rumbo tiene sentido para ti ahora.

Si quieres profundizar en estas ideas, te invito a ver el directo completo que compartí con Ysabel, porque en él encontrarás nuestra conversación con más matices, ejemplos personales y prácticas que puedes empezar a incorporar a tu día a día.

Y ahora me gustaría preguntarte algo:

¿En qué ámbito de tu vida sientes que algo está cambiando, aunque todavía no sepas exactamente qué necesitas?

Te leo en comentarios.

Un abrazo,

Ainoa

 

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