Los peligros de ser demasiado rígido, exigente, idealista o perfeccionista

Soy demasiado responsable y autoexigente“: es la típica frase que se dice en las entrevistas de trabajo cuando te piden que digas algún defecto personal.

Y es que a las empresas se les hace la boca agua con empleados entregados y a los que les cuesta auto-marcarse límites. Esos que van a anteponer la búsqueda de la excelencia y del trabajo bien hecho, a sus propias necesidades. De los que echarán las horas que haga falta, con tal de entregar a tiempo el proyecto.

¿Claro, cómo no les van a gustar?

Porque ser alguien riguroso, comprometido, al que le gusta hacer las cosas bien y con altos estándares, es una gran virtud.

Pero cuando llevas estas cualidades al extremo, se convierten en fuertes obstáculos para tu bienestar y felicidad.

Veamos qué daños puede traer a tu vida el ser demasiado exigente, idealista, perfeccionista o rígido. Y cómo reconocerlo con algunos ejemplos cotidianos (no sólo en el ámbito laboral).

 

La Exigencia: vía directa a la autocrítica

Peligro: Ser demasiado estricto contigo mismo puede conducir a una constante autocrítica. Este nivel de autoexigencia no solo es agotador, sino que también puede minar tu autoestima y confianza.

Ejemplo 1: En tu trabajo, siempre te esfuerzas por entregar proyectos impecables. Aunque tus compañeros y superiores están satisfechos con tu desempeño, tú nunca lo estás. Siempre encuentras fallos en tu trabajo, y en lugar de sentirte contento con tus logros, te enfocas en lo que podrías haber hecho mejor. Esta mentalidad te deja perpetuamente insatisfecho y agotado.

Ejemplo 2: Tu autoexigencia se puede manifestar en cualquier otra área (en tus relaciones personales, en tu relación con tu cuerpo, con la comida, el ejercicio, el orden, a nivel moral,…). Si te estás exigiendo ser perfecto, inmaculado, hacerlo todo bien y no cometer errores, es fácil que acumules mucha tensión, presión, miedo, tristeza y angustia.

Además, ¿cómo te tratas cuando fallas, cuando decepcionas a alguien, cuando no cumples tus estándares? Mucha atención a tu diálogo interno, y al pensamiento dicotómico “o todo, o nada” (o lo hago perfecto, o tiro la toalla). Es el caldo de cultivo perfecto para la baja autoestima.

Ejemplo 3: También puede ser que esta exigencia la proyectes en los demás, esperando mucho de ellos, deseando un comportamiento perfecto (bajo tu criterio). Guardando altas expectativas que difícilmente van a ser satisfechas. Así te llenas de enfado y rencor fácilmente, te sientes decepcionado, frustrado, traicionado. Por lo que tus relaciones sociales se deterioran, o directamente la evitas para no sufrir.

 

 

El Idealismo: una brecha con la realidad

Peligro: El idealismo extremo te lleva a esperar un nivel de perfección que rara vez se encuentra en la vida real. Esto puede resultar en desilusión constante y dificultades para aceptar la realidad tal como es.

Ejemplo: Tienes una visión idealizada de cómo debería ser una relación amorosa. Esperas que tu pareja cumpla con todas tus expectativas y fantasías. Cuando inevitablemente esto no sucede, te sientes decepcionado y empiezas a cuestionar la relación, a pesar de que tu pareja es amorosa y comprometida. Este idealismo te impide disfrutar de la belleza de una relación imperfecta pero real.

Ejemplo 2: Esto mismo te puede suceder con otras relaciones. Te frustras porque tus padres no se comportaron como crees que “debería ser” una madre o un padre. Te enfadas con tus amigos porque no te llaman tan a menudo. Vives en tensión porque tus compañeros no trabajan como a ti te gustaría, etc.

Ejemplo 3: Eres un “culo inquieto”, te cuesta asentarte y comprometerte, porque te cansas y desilusionas rápido. Puede que cambies a menudo de trabajo, de pareja, de ciudad, de apariencia,… O que consumas de forma compulsiva (comida, compras, adicciones).  En tu mente crees que habrá algo que por fin te deje satisfecho y feliz, pero nunca llega. Empiezas los proyectos o las relaciones con ilusión, pero rápidamente te sientes defraudado y lo dejas.

 

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El Perfeccionismo: un enemigo del progreso

Peligro: El perfeccionismo puede paralizarte, haciendo que temas tanto al fracaso que evites tomar riesgos o probar cosas nuevas. Esto puede limitar tus oportunidades y estancar tu desarrollo personal y profesional.

Ejemplo: Te invitan a participar en un proyecto interesante en el trabajo, pero lo rechazas porque temes no hacerlo impecablemente. A pesar de que tienes las habilidades y el conocimiento necesarios, tu miedo a no cumplir con tus propios estándares te hace desaprovechar esta oportunidad tan buena.

Ejemplo 2: Además, el perfeccionismo te puede autosabotear, manteniéndote en bucles interminables de procrastinación, vas dejándolo todo para después. Quizás priorizas otras tareas menos exigentes (como limpiar, ordenar, hacer recados…), lo que sea para mantenerte activo y tener excusa para no enfrentarte a eso que tanto miedo te da.

Ejemplo 3: El perfeccionismo también puede fomentar que te cueste terminar tus proyectos, por centrarte demasiado en los detalles.

Ejemplo 4: E incluso te puede provocar un desagradable “síndrome del impostor”, llenándote de inseguridades, comparaciones y temores. Nunca te sientes suficientemente competente ni preparado, y temes que los demás lo descubran.

 

 

La Rigidez: una trampa para el crecimiento

Peligro: La rigidez en tu pensamiento y comportamiento puede limitar tu capacidad para adaptarte a nuevas situaciones. Cuando te aferras a una sola forma de hacer las cosas, te privas de la oportunidad de aprender y crecer.

Ejemplo 1: Imagina que siempre sigues una determinada rutina para empezar el día. De pronto, algo imprevisto ocurre y tu rutina se ve interrumpida. En lugar de adaptarte, te sientes frustrado y ansioso, puede que incluso te afecte el resto del día. Esta inflexibilidad te impide disfrutar de la espontaneidad y te mantiene en un estado constante de estrés. O quizás te pase esto cuando cambian tus planes, cuando no consigues lo que querías (o en el momento o de la forma que habías planeado).

Ejemplo 2: Tratas de hacer dieta o llevar una rutina de gimnasio. Te esfuerzas mucho, pero si fallas un día, ya “de perdidos al río” y abandonas… Al final te pasas la vida luchando contigo mismo entre periodos de “hacerlo muy bien” y “hacerlo fatal” con tus hábitos saludables.

Ejemplo 3: Te cuesta aceptar a quienes tienen ideas diferentes a las tuyas. Tienes dificultades para escuchar y comprender su punto de vista, prefieres rodearte de gente que piense como tú.

En cualquier caso, la rigidez se produce cuando no fluimos con la vida tal como se va produciendo, cuando tenemos una fuerte necesidad de control y nos cuesta aceptar las situaciones y a los demás tal como son. Es decir, tenemos una idea en mente de cómo “deberían” ser las cosas, y si no se cumple, “cortocircuitamos”.

Posibles problemas psicológicos.

Es importante no pasar por alto estos rasgos, ya que un exceso de exigencia, autoexigencia, perfeccionismo, idealismo o rigidez, pueden llegar a provocar una serie de problemas psicológicos importantes:

  • La presión constante por cumplir altos estándares genera ansiedad.
  • La frustración por no alcanzar expectativas poco realistas puede llevar a la depresión.
  • El perfeccionismo extremo puede desencadenar comportamientos alimenticios perjudiciales, trastornos de la alimentación e incluso trastorno dismórfico corporal (TDC).
  • La rigidez y el perfeccionismo pueden manifestarse en conductas obsesivas y compulsivas, pudiendo desembocar en un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
  • La autoexigencia excesiva en el trabajo puede resultar en agotamiento físico y emocional, burnout laboral.
  • Las expectativas idealistas y la rigidez pueden generar conflictos en las relaciones personales.
  • La constante autocrítica deteriora la autoestima.
  • Un entorno altamente exigente puede contribuir al desarrollo de trastorno de estrés postraumático (TEPT).
  • El miedo a cometer errores provoca que se tengan grandes dificultades para la toma de decisiones, pudiendo llevar a la parálisis por análisis.
  • El perfeccionismo patológico, la necesidad obsesiva de alcanzar la perfección, interfiere con la vida diaria y la calidad de vida.

 

4 preguntas para reconocer rápidamente estos rasgos en tu vida

Presta atención a cómo reaccionas en situaciones cotidianas:

  1. Exigencia: ¿Sientes que nunca es suficiente, sin importar lo mucho que logres?
  2. Idealismo: ¿Te desilusionas a menudo porque la realidad no coincide con tus expectativas?
  3. Perfeccionismo: ¿Evitas nuevas oportunidades por miedo a no ser perfecto?
  4. Rigidez: ¿Te cuesta adaptarte cuando las cosas no salen como las planeaste?

 

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¿Cómo manejar estos rasgos?

Como ves, a menudo estas tendencias al idealismo, la exigencia, el perfeccionismo y la rigidez, van de la mano unas de otras. Así que aquí tienes 4 estrategias para manejalas y encontrar un equilibrio más saludable:

  1. Flexibilidad cognitiva: Intenta ver las situaciones desde diferentes perspectivas y sé más adaptable en tu enfoque.
  2. Autocompasión: Sé amable contigo mismo y con los demás. Reconoce que todos cometemos errores y que éstos son oportunidades para aprender.
  3. Ajusta tus expectativas: Trabaja en establecer expectativas realistas y alcanzables, tanto para ti mismo como para los demás.
  4. Abraza la imperfección: Acepta que la imperfección es parte de la vida. Aprende a valorarla como una oportunidad para crecer y conectar con los demás.

Al trabajar en estos aspectos, puedes liberarte de la presión constante y encontrar una mayor paz y satisfacción en tu vida. Recuerda, el objetivo es ser auténtico y disfrutar del viaje de la vida con todas sus imperfecciones y sorpresas.

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