AutoconocimientoDesarrollo personal

Doble dramatización

hombre-triste-crítica

A veces no es que tengas muchos problemas (o no más que los demás), sino que los percibes y evalúas como algo horrible e insoportable.

Es decir, dramatizas sobre el drama.
Doble dramatización.
Sufres por estar sufriendo.

 

Y eso no sólo no hace que desaparezcan tus problemas.. sino que encima añades más ansiedad al saco, sintiéndote doblemente angustiado por ellos, dándoles más relevancia aún.

“No debería sentirme así”
“No debería pensar esto”
“Estoy fatal”

O el clásico “no tengo derecho a sentirme mal, soy un egoísta por quejarme teniéndolo todo, cuando hay gente que tiene problemas de verdad ahí fuera… “

 

Igual de absurdo que si te haces una herida y te pegas collejas por estar sangrando.

Y quizás te centres tanto en este malestar, que te olvides de enfocarte en las SOLUCIONES.

En aceptar lo que está pasando y mirar hacia adelante para avanzar… en lugar de quedarte revolcándote en el lodo y juzgarte duramente por ello.

Y ojo, hay que tener cuidado, porque puede haber un puntito satisfactorio en ese chapoteo del propio fango.

Si esto se convierte en una costumbre, puedes terminar adicto al drama y a las emociones intensas que esto te genera. El caldo de cultivo ideal para acabar desarrollando una depresión (o como mínimo una actitud ante la vida negativa y victimista).

Siempre sufriendo, siempre preocupado… Esta obsesión se acaba convirtiendo en un autosabotaje.

Marca límites contigo mismo, ponle freno a tu mente.

Recuerda que tienes un mal día (o una mala época), no una mala vida.