La Rigidez: una trampa para el crecimiento
Peligro: La rigidez en tu pensamiento y comportamiento puede limitar tu capacidad para adaptarte a nuevas situaciones. Cuando te aferras a una sola forma de hacer las cosas, te privas de la oportunidad de aprender y crecer.
Ejemplo 1: Imagina que siempre sigues una determinada rutina para empezar el día. De pronto, algo imprevisto ocurre y tu rutina se ve interrumpida. En lugar de adaptarte, te sientes frustrado y ansioso, puede que incluso te afecte el resto del día. Esta inflexibilidad te impide disfrutar de la espontaneidad y te mantiene en un estado constante de estrés. O quizás te pase esto cuando cambian tus planes, cuando no consigues lo que querías (o en el momento o de la forma que habías planeado).
Ejemplo 2: Tratas de hacer dieta o llevar una rutina de gimnasio. Te esfuerzas mucho, pero si fallas un día, ya «de perdidos al río» y abandonas… Al final te pasas la vida luchando contigo mismo entre periodos de «hacerlo muy bien» y «hacerlo fatal» con tus hábitos saludables.
Ejemplo 3: Te cuesta aceptar a quienes tienen ideas diferentes a las tuyas. Tienes dificultades para escuchar y comprender su punto de vista, prefieres rodearte de gente que piense como tú.
En cualquier caso, la rigidez se produce cuando no fluimos con la vida tal como se va produciendo, cuando tenemos una fuerte necesidad de control y nos cuesta aceptar las situaciones y a los demás tal como son. Es decir, tenemos una idea en mente de cómo «deberían» ser las cosas, y si no se cumple, «cortocircuitamos».




